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“Y, ¿Por qué no reportó el abuso enseguida?”

Son los casos más difíciles. Es muy difícil dar con la verdad. De por medio está la inocencia de las niñas como también el futuro de un joven que pasaría injustamente toda su vida en la cárcel. Una madre soltera con dos niñas de 13 y 11 años había reportado a la policía lo que sus hijas le habían dicho. Pero se había esperado 10 meses en hacerlo. Las niñas alegaban que el novio de la madre las había abusado sexualmente en varias ocasiones, pero no habían dado detalles exactos de lo sucedido. Las pruebas médicas practicadas a las niñas no mostraron rastros de abuso sexual. Por otro lado las niñas decían que sólo había ocurrido manoseo. Las niñas no recordaban fechas exactas y los incidentes que describían los pudieran haber leído en alguna novela. El abogado del acusado defendía a su cliente con el argumento creíble que la madre se había inventado los cargos porque descubrió en el teléfono del joven que tenía otra amante, con todo y fotos. El abogado alegaba que la madre había soplado a sus hijas lo que tenían que decir para quitarse de encima “a ese descarado una vez por todas y mandarlo a la cárcel para siempre”. Ahora la fiscal cuestionaba a la madre con la misma pregunta, “Y ¿por qué no reportó el abuso enseguida le contaron las niñas? ¿Por qué se esperó casi un año?” A lo que la madre respondía solo con silencio…
En el tribunal de arriba toda vida es preciosa y cara. Igualmente todo delito merece su justo castigo. Tampoco hay manera de engañar al Juez, porque ya lo conoce todo. Toda acusación tiene su verdad y su mentira. La verdad es que todos han cometidos penosas ofensas sino abiertamente, en lo más íntimo de sus pensamientos. La mentira es que están sin pecado para reprochar y pedir castigo divino sin misericordia. “Por cuanto todos pecaron y están despojados de toda gloria divina” (Romanos 3:23). La justicia divina va más allá de dar con el culpable, porque todos son culpables. Lo difícil para la justicia divina es cómo exonerarlos, perdonarlos, pues todas las vidas son sumamente costosas y preciosas. Las vidas de las niñas y también la vida del joven mujeriego. Y el que esté sin pecado, que tire la primera piedra. Pero nuestro texto no termina ahí, sino que pasa a la respuesta. “Sin embargo, Dios nos declara justos gratuitamente por medio de Cristo Jesús… Pues Dios ofreció a Jesús como el sacrificio por el pecado. Las personas son declaradas justas a los ojos de Dios cuando creen que Jesús sacrificó su vida al derramar su sangre. Dios hizo todo eso para demostrar su justicia, porque él mismo es justo e imparcial, y declara a los pecadores justos a sus ojos cuando ellos creen en Jesús”. “¿Podemos, entonces, jactarnos de haber hecho algo para que Dios nos acepte?” “Y perdónanos nuestras ofensas así como también nosotros…”
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haroldocc@hotmail.com

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