Unidad

Unidad

Unit

Nuestro mundo es inmenso y complejo. Buscamos comprenderlo pero, como los humanos no somos omniscientes (no podemos conocerlo todo), aprendimos por practicidad y simplificación a agrupar mentalmente las cosas en conjuntos y categorías. De esa forma, asimilamos nuevos conocimientos con rapidez, asociándolos a los que ya tenemos.
Pero, así como aprendimos a conocer las cosas por asociación, también aprendimos a conocerlas por división, es decir, separando imaginariamente un todo en sus partes. Hasta que, finalmente, aprendimos a dividirnos mentalmente a nosotros mismos.
Sabemos que cada persona es una unidad, pero nos hemos divido mentalmente en cuerpo y alma, en sistemas biológicos, en órganos, etc. Y una vez que nos dividimos mentalmente, hemos buscado manipular cada parte del todo a través de las “ciencias” que creamos para ello. Así, la medicina manipula el cuerpo, la psicología el alma, la sociología y la antropología nuestros aspectos sociales y culturales, la sexología nuestra identidad biológica y reproductiva, y mucho más.
Pero hoy, esta ideología separatista ha penetrado la esencia misma de la identidad humana y ha pasado de ser sólo mental, a ser casi real. Comenzamos dividiendo el sexo de la relación de pareja (fornicación) y, apenas pudimos, dividimos el sexo de la procreación (preservativos). Luego dividimos la fecundación de su realización en el vientre materno (FIV). Y, después, dividimos el embarazado de la madre (vientre “alquilado”), y los hijos de los padres (manipulación genética). Un niño puede ser originado por diferentes personas que no se conocen y su identidad se ha diluido hasta hacerse artificial.
De hecho, a una parte de la sexualidad ahora la llamamos “género” y este también divide lo que sentimos, de lo que creemos y de lo que somos. Inclusive va mucho más lejos. El nuevo dogma fundamentalista enseña que podemos “construirnos” libremente armando nuestras “piezas” según nos plazca, y que eso debemos llamarlo “libertad” y “valentía”.
Al final, nos hemos dividido tanto que nuestras partes han entrado en guerra contra nosotros mismos y el mayor enemigo que tenemos ha pasado de estar fuera de nosotros, a estar dentro de nosotros. Nuestra unidad ha colapsado.
Definitivamente, no podemos seguir así. Va llegando el momento de decir ¡basta!, de romper el paradigma de la división y empezar a reconocer la unidad en la que fuimos diseñados. Sólo cuando cada parte retome a su lugar, interconectada e interdependiente de las demás, la unidad nos permitirá volver a saber quiénes somos.

 

Our world is huge and complex. We seek to understand it but, as humans are not omniscient (we cannot know everything), we learned for practicality and simplification to mentally group things into groups and categories. In this way, we quickly assimilate new knowledge, associating it with what we already have.
But just as we learned to know things by association, we also learned to know them by division, that is, by imaginatively separating a whole into its parts. Until, finally, we learned to mentally divide ourselves.
We know that each person is a unit, but we have mentally divided ourselves into body and soul, into biological systems, into organs, etc. And once we mentally divided ourselves, we have sought to manipulate each part of the whole through the “sciences” that we created for it. Thus, medicine manipulates the body, psychology the soul, sociology and anthropology our social and cultural aspects, sexology our biological and reproductive identity, and much more.
But today, this separatist ideology has penetrated the very essence of human identity and has gone from being just mental to being almost real. We started by dividing the sex of the relationship (fornication) and, as soon as we could, we divided the sex of procreation (condoms). Then we divide fertilization from its realization in the womb (IVF). And, later, we divide the pregnant woman of the mother (womb “rented”), and the children of the parents (genetic manipulation). A child can be originated by different people who do not know each other and their identity has been diluted until it becomes artificial.
In fact, a part of sexuality we now call “gender” and this also divides what we feel, what we believe and what we are. It even goes much further. The new fundamentalist dogma teaches that we can freely “build ourselves” by assembling our “pieces” as we please, and that we should call this “freedom” and “courage”.
In the end, we have become so divided that our parts have gone to war against each other and the greatest enemy we have has gone from being outside of us, to being inside of us. Our unit has collapsed.
We definitely can’t go on like this. The time is coming to say enough!, to break the paradigm of division and begin to recognize the unit in which we were designed. Only when each part returns to its place, interconnected and interdependent on the others, will unity allow us to know who we are again.

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