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Una ciudad para todos

Ana Díaz Sesma

“La arquitectura está hecha para el hombre y no, para que el ser humano se adapte a ésta”, dice la arquitecta Taide Buenfil Garza, al momento que enciendo la grabadora para iniciar la entrevista.

Taide trabaja en el Consejo Nacional para las personas con Discapacidad, además de impartir el curso sobre Accesibilidad Universal, que busca adecuar los espacios urbanos a las necesidades del ser humano para facilitar el tránsito por las calles y acceso a los lugares públicos, a todos. El objetivo es llegar a un diseño universal que abarque no sólo a las personas con discapacidad, sino que el rango se amplíe a personas quizá con una pierna enyesada, con sobre peso o de muy baja estatura, a niños, embarazadas, ancianos, etc., y ofrecer ciudades seguras y cómodas para el total de la población.

La Accesibilidad Universal también engloba muebles y artículos. Por ejemplo, unas llaves de lavamanos redondas, no sólo son muy difíciles de abrir para la persona sin muñones, sino para la que padece artritis o incluso, para la que únicamente tiene las manos enjabonadas. Éstos son objetos de uso que no están pensados en la autonomía o comodidad del usuario.

La entrevistada da un sorbo a su café y se queda un momento pensativa. Aprovecho para preguntar sobre ella. Me cuenta con la mayor naturalidad que está en una silla de ruedas debido a que se cayó del caballo muchos años atrás. Sonríe. Las puertas no se le cerraron a partir del accidente, sin embargo, sabe lo mucho que falta para que los espacios se adecuen a las necesidades particulares de todos los individuos: “Hay lugares que a pesar de que cuentan con rampas, no cuidan los últimos detalles, por ejemplo, están demasiado empinadas o dejan un escaloncito en la entrada y no sirven de nada, pues el usuario tiene que optar por pedir ayuda para acceder. En ocasiones, los escalones de algunos edificios son muy altos o no tienen un barandal del cual sostenerse, lo que dificulta la subida a las personas de la tercera edad, a embarazadas y niños. O cuando los botones de un elevador quedan muy arriba, y se le dificulta alcanzarlos, no solo a la gente que va en silla de ruedas, sino a las personas de estatura baja.

¿De qué sirve que en una calle haya una rampa si en la siguiente no la habrá? “No se trata de pensar sólo en un elemento, sino en la funcionalidad total de un inmueble y en poblaciones diseñadas para la comodidad, disfrute y autonomía de todas las personas”, comenta la arquitecta.

Aunque en México la gente es muy servicial con las personas con discapacidad, es un derecho de todo individuo desplazarse, acceder y hacer uso de los espacios públicos por cuenta propia y no tener que esperar o depender de la ayuda de los demás para llegar a un sitio. Un primer paso para alcanzar este objetivo, es lograr un cambio de mentalidad, empezando por uno mismo. Pensar que la sociedad la integramos todos y nadie debe quedar excluido por sus cualidades o características físicas. Después de todo, cualquiera de nosotros en algún momento, podemos rompernos una pierna y andar en muletas, perder algún sentido como la vista o llegar a la vejez. Cuando asimilemos esto, entonces la arquitectura y diseño de pueblos y ciudades estarán enfocadas a servir al hombre, y no al revés.

“A favor de la paz, por un México Unido”.

www.sermexico.org.mx

bojorge@mexicounido.org.mx

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