Sociedad de Dominación Total

Sociedad de Dominación Total

Society of Total Domination

El escritor judío Richard L. Rubenstein llega en su libro “La astucia de la historia” a una conclusión asombrosa: “en Auschwitz se estableció la sociedad de dominación total más completa de la historia de la humanidad”. Con ello se refería al hecho de que, en este campo de concentración, se logró convertir a los seres humanos en sujetos prescindibles de perfecta sumisión, “incluso cuando se les decía que se acostaran en su propia tumba para ser fusilados”. Fue el nivel más alto de poder de unos hombres contra otros.
Pero su libro va más allá de esto. Rubenstein esboza sin rubor el camino que la humanidad debió recorrer para llegar hasta Auschwitz, situando su antecedente inmediato en el caso de los apátridas, “los primeros europeos del siglo XX que experimentaron una dominación policial sin restricciones”. Despojados de sus derechos políticos por no tener país, los apátridas podían ser exterminados libremente sin ley que los amparara.
Sin embargo, el antecedente más importante del holocausto está en el fenómeno de la esclavitud, impuesta por Europa y los Estados Unidos al resto del mundo. Las plantaciones de esclavos y los campos de concentración forman parte del mismo desarrollo histórico. El esclavo perdía su identidad, su humanidad y terminaba siendo casi una propiedad animal, al igual que un judío.
Su exterminio no fue producto, entonces, “del odio especializado y extraordinario de los alemanes hacia los judíos”, sino el producto final de un larguísimo desarrollo cultural y político occidental que requirió de la cooperación de todos los sectores de la sociedad.
Países enteros como Rusia, Francia e Inglaterra también estuvieron involucrados. Se cita, por ejemplo, al Comisionado británico en Egipto quien, ante la posibilidad de que salvara un millón de judíos húngaros del exterminio en Auschwitz, preguntó: “¿Qué haré con ese millón de judíos? ¿Dónde los pongo?” El gobierno británico no era reacio a la “solución final” siempre que los alemanes hicieran el trabajo sucio, inclusive ayudaron impidiendo que ningún judío escapara de Europa a Palestina.
Lo que otros europeos hicieron, entonces, en sus colonias a través de la esclavitud, lo repitieron luego los alemanes (perfeccionado) en el corazón de Europa. Los primeros, por escasez de mano de obra productiva, y los segundos, por circunstancias de “excedentes de población”.
La advertencia de Rubenstein es muy clara: si hay una crisis política o económica suficientemente abrumadora podría surgir entre nosotros otra nueva Sociedad de Dominación Total.

Society of Total Domination

Jewish writer Richard L. Rubenstein in his book “The Cunning of History” comes to an astonishing conclusion: “At Auschwitz the most complete society of total domination in the history of mankind was established.” By this he meant the fact that, in this concentration camp, human beings were turned into expendable subjects of perfect submission, “even when told to lie in their own grave to be shot.” It was the highest level of power of some men against others.
But his book goes beyond this. Rubenstein outlines without shame the path that humanity had to travel to get to Auschwitz, placing its immediate antecedent in the case of stateless persons, “the first Europeans of the 20th century who experienced unrestricted police domination.” Stripped of their political rights for not having a country, stateless persons could be freely exterminated without the law to protect them.
However, the most important antecedent of the Holocaust is in the phenomenon of slavery, imposed by Europe and the United States on the rest of the world. Slave plantations and concentration camps are part of the same historical development. The slave lost its identity, its humanity and ended up being almost an animal property, just like a Jew.
Their extermination was not the product, then, “of the specialized and extraordinary hatred of the Germans towards the Jews,” but the end product of a very long Western cultural and political development that required the cooperation of all sectors of society.
Entire countries like Russia, France and England were also involved. For example, the British Commissioner in Egypt is quoted who, faced with the possibility that he might save a million Hungarian Jews from extermination at Auschwitz, asked: “What will I do with that million Jews? Where do I put them?” The British government was not averse to the “final solution” as long as the Germans did the dirty work, even helping by preventing any Jews from escaping from Europe to Palestine.
What other Europeans did, then, in their colonies through slavery, the Germans later repeated (perfected) in the heart of Europe. The former, due to a shortage of productive labor, and the latter, due to circumstances of “surplus population.”
Rubenstein’s warning is very clear: if there is a sufficiently overwhelming political or economic crisis, another new Society of Total Domination could emerge among us.

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