Simplemente, gracias

Natalia Bojorge

“Ya estaba oscureciendo
y se detuvo sin dudar,
me preguntó si estaba bien
y si necesitaba algo.
Le pedí por favor me
prestara su teléfono celular,
ya que el mío no tenía
batería, y así pude hacer un
par de llamadas.
Carmen, quien no me
conocía, se quedó conmigo
a pesar de que la persona
del seguro había arribado,
me decía que no me iba a
dejar hasta asegurarse que
estuviéramos bien.
Fue hasta cuando mi esposo
llegó, que ella se fue”,
recuerda Estela García,
quien padeció la descompostura
de su auto cuando
venía con sus hijos después
de haber visitado al médico.
Estela comenta que, días
después que contactaron
ella y su esposo a Carmen
para agradecerle su valiosa
ayuda, ella en un tono muy
amable les respondió: “A
mí me han ayudado cuando
he tenido problemas y es
lo menos que puedo hacer,
valoro mucho tu llamada,
pero no te preocupes.
Estoy segura que ya tendrás
oportunidad de ayudar
a alguien tú también”.
De manera equivocada
se piensa que la gratitud
consiste en un asunto estrictamente
de modales, y
que con decir gracias a una
persona nos convertimos
en alguien agradecido.
Sin embargo, la reflexión
sobre este tema puede
ir más allá de las formas de
comportamiento, para convertirse
en una entrañable
respuesta hacia los demás
porque tenemos memoria
de lo que han hecho por
nosotros.
No sólo es haber recibido
beneficios o favores,
los que nos dicta tener una
actitud de reciprocidad con
quien nos ha ayudado.
En un sentido estricto
de correspondencia
con la vida, tenemos la
oportunidad de ser agradecidos
al valorar todo
aquello que nos hace
sentir felices, completos,
realizados, así como
de ser justos y mirar la
propia historia personal
para tener presentes a
quienes buscaron tendernos
la mano, darnos
una respuesta positiva a
alguna petición o propiciaron
nuestro bienestar.
Gérard Apfeldorfer, autor
del libro Las relaciones
duraderas, de Editorial
Paidós, explica que: “La
amabilidad, simpatía, las
sonrisas, las pequeñas atenciones
que se ofrecen no
tienen precio. No se compran,
pero se intercambian
con sumo gusto.
Es muy agradable poder
mostrarse amable con
quienes son amables con
nosotros y poder intercambiar
atenciones y consolidar
así, esos lazos que
hacen que estemos vinculados
unos a otros”.
Quizá, se tengan claros
los nombres de las personas
que han sido afectuosas
con nosotros, y con quienes
estaremos agradecidos por
haber recibido su amor o
simplemente, sus buenas
intenciones.
Sin embargo, ¿qué pasa
con aquellos que sin conocernos,
nos han brindado
su apoyo o simplemente,
lo hacen de manera desinteresada?
El autor del libro
puntualiza a este respecto:
“Hay personas que no esperan
nada de quien recibe;
ni siquiera, que el receptor
pueda convertirse en alguien
que también brinda
ayuda”.
Aquí es cuando la
gratitud se abre como un
enorme abanico de posibilidades,
ya que se puede
poner en práctica no sólo
con aquellos que nos sentimos
cómodos por estar
ligados por una simpatía,
amor o una buena relación
laboral.
La oportunidad está en
que se convierta en una
manera de ver a nuestro alrededor
y que la forma en
la que interactuamos con
los demás, no se restrinja
a tener o no modales, por
el contrario, que sea el más
fuerte y vivo testimonio de
que reconocemos y damos
gracias por todo aquello
que se tiene.
Estela dice que después
de algún tiempo no volvió
a saber de Carmen, pero
asegura que de ella no sólo
recibió ayuda, también
la enseñanza que siempre
se puede corresponder
con aquello que nos fue
dado, y con una sonrisa
concluye: “Por el tipo de
trabajo que tengo, puedo
facilitar el contacto entre
organismos y empresas,
así como trámites a muchas
personas, y siempre
pienso que puedo dar más
de lo que me toca o corresponde,
y si puedo ayudar
a alguien lo hago, como me
dijo Carmen, ‘estoy segura
que ya tendrás oportunidad
de ayudar a alguien tú
también’, y así siempre
lo hago, ella tenía mucha
razón”.
www.sermexico.org.mx
Bojorge@teleton.org.mx

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