<!--:es-->Rumbo al Foro Económico Mundial: Crecer o decrecer en el Marco del TLC<!--:-->

Rumbo al Foro Económico Mundial: Crecer o decrecer en el Marco del TLC

El anuncio de las bondades como consecuencia política, económica y social tras la firma del TLCAN sigue sin dar la razón a los integracionistas que apostaron por un mayor desarrollo económico y comercial para los tres países que prometió una mejor defensa de sus intereses frente a las demás naciones y regiones del mundo, están siendo desplazados por China.

Adelantándose a su tiempo nuestro egregio Premio Nobel de Literatura Octavio Paz, atisbo esta realidad cuando se le preguntó su opinión sobre el Tratado, comentó “Empezaré por decirle que la palabra integración no es muy exacta. Se trata realmente de una Asociación. Los Estados Unidos son un gran Imperio en declinación, de modo que para sobrevivir, tendrán que crear nuevos logros en América Latina. El Tratado de Libre de Comercio entre México, Canadá y Estados Unidos fue solo el primer paso”.

Octavio Paz lo preconizó atinadamente dado que mundo económico que dio marco al TLCAN en 1994, ya no existe más. El recambio que trajo consigo la fuerza de la globalización y la especulación de los mercados financieros, cambiaron el orden económico supranacional y ha configurado un reacomodo geopolítico en el que los capitales mandan. La reducción del peso económico del bloque regional gravita en su disminución en el comercio mundial que paso de ser del orden del 19% en 1994, alcanzando su punto más alto en 1997 llegando al 19.7 decreció en 2010 al 15.2 %. Respecto al PIB Mundial, el aporte de Estados Unidos, Canadá y México fue del 30%, llegando a su culmen en 2001 al contribuir al 36% del PIB Mundial , descendiendo drásticamente al 29.5% en 2010.

Inexplicable es que la motivación principal para crear el TLCAN respondió a contrarrestar a la Unión Europea que en la década de los 80´s incorporó a 6 nuevos miembros (Grecia, España, Portugal, Austria, Suecia y Finlandia), que propiciaron escenarios superiores de integración como la firma del Acta de la Unión Europea en 1986, que derivó en la firma del Tratado de Maastricht donde se adoptó la Unión Monetaria, logrando con ello construir una mayor fortaleza que los Estados Unidos o Canadá.

Al no reducir la brecha en las asimetrías económicas prevalecientes en América del Norte ha incidido en que la región pierda competitividad, y más preocupante sea que toda vez Norteamérica teniendo una extensión de 21.5 millones de kilómetros cuadrados, que equivalen al 16.1% de la superficie mundial, con una población de 440 millones de personas, que representan el 6.7 del total de habitantes del mundo desaproveche esta clara ventaja territorial y demográfica desde el punto de vista del mercado potencial respecto a otras regiones, como las que conforman la Unión Europea y El Mercosur, que respectivamente ocupan el 3.2% y el 8.9% de la superficie mundial y tienen el 7.5% y 3.6% de la población del planeta.

Esta handicap del bloque regional de Norteamérica debiera alinear esfuerzos entre Estados Unidos y Canadá para ayudar a su vecino del sur México, siempre y cuando primero se asuma que la región tiene preeminencia y segundo responderse cuales serían los factores que deben ser puestos en juego para hacer realidad su condición de región capaz de liderear el desarrollo mundial.

Aisladamente como país y no como bloque, Estados Unidos se despeñaría en decadencia, al tener una deuda pública y privada superior en dos veces a su Producto Interno Bruto, con un sistémico déficit comercial de 260 mil millones de dólares, y un déficit presupuestal que registrará un saldo negativo promedio del 9%, lo que habría que sumar su constante desempleo del 10%.

Con todo Estados Unidos representa aún todavía el 26% de la economía del mundo, la cual es superior a la Unión Europea, Mercosur y China las cuales le corresponde el 22%, 4% y 11% respectivamente. Entonces ¿para que el TLC? Sino para romper las barreras históricas de la desconfianza y el recelo de un país que a diferencia de México se ha anclado en un pasado quebrantado que a diferencia de EU como lo señalo Octavio Paz fue fundado a la inversa del resto de las naciones, no en respuesta a un pasado común, a una tradición, sino por una visión del futuro, que por ahora en la región del TLC está ausente.

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