Revista Science se declara culpable

Revista Science se declara culpable

Science Magazine Pleads Guilty

En la reveladora editorial de la última revista Science (24.09.2021), el genetista Adam Rutherford, reconoce en clave de mea culpa el apoyo que brindó la revista al “Segundo Congreso Internacional de Eugenesia” de 1921, realizado en Nueva York, donde se “fomentaba la propagación de personas consideradas «deseables» y la reducción del número de personas «indeseables» o «defectuosas»”.
Science no sólo publicó un artículo que ensalzaba el Congreso sino también el discurso de apertura, pronunciado por Henry Osborn, y el artículo “Investigación en eugenesia” de Charles Davenport. Todos apuntaban a imponer la esterilización forzada de los pobres, los discapacitados, los afroamericanos, los indígenas y otros grupos marginados.
En apoyo a Rutherford, sus colegas John P. Slattery, Holden Thorp y Sudip Parikh, de la AAAS (Asociación Americana para el Avance de la Ciencia), la editorial de Science, han escrito un artículo donde lo dicen aún más alto y claro: “Science desempeñó un papel vergonzoso y notable en la aceptación científica de la eugenesia en Estados Unidos y en el mundo […] que llevaría a la esterilización forzada de unas 70.000 personas en Estados Unidos y al genocidio en la Alemania nazi”.
Asimismo, han recordado que Science también anunció y promovió el “Primer Congreso Internacional de Eugenesia” de 1912 organizado por Leonard Darwin, hijo de Charles Darwin, y que publicó un artículo de él titulado “Los objetivos y métodos de las sociedades eugenésicas”. Pero aclaran que no era algo aislado. “La historia de casi todos los grandes museos y sociedades científicas de Europa Occidental y Estados Unidos está entrelazada con la aceptación científica, pública y política de este movimiento [eugenésico], hoy desacreditado”.
Aunque se produce un siglo después, definitivamente estamos frente a un saludable reconocimiento de culpabilidad, junto con una alarma de precaución frente a la posibilidad de que surja un nuevo exterminio humano selectivo que se escude en la corrección política y en una ciencia ideologizada.
Por eso, advierten de los peligros actuales en el control de la biología humana, especialmente en la degradación que implica la fecundación in vitro (FIV), que puede conducir a un nuevo supremacismo. “La selección de embriones [es] dudosa desde el punto de vista científico y comparte una ascendencia con la historia racista de la eugenesia”.
Esperamos entonces que, de aquí en adelante, las publicaciones de la revista Science evidencien que esta auto inculpación implica un compromiso permanente a favor del respeto irrestricto de la dignidad humana.

 

 

In the revealing editorial of the latest Science magazine (09/24/2021), the geneticist Adam Rutherford, recognizes as a mea culpa the support that the magazine gave to the “Second International Congress of Eugenics” of 1921, held in New York, where “It encouraged the spread of people considered” desirable “and the reduction of the number of” undesirable “or” defective “”.
Science not only published an article extolling the Congress but also the keynote address, delivered by Henry Osborn, and the article “Eugenics Research” by Charles Davenport. All aimed to impose forced sterilization of the poor, the disabled, African Americans, indigenous people and other marginalized groups.
In support of Rutherford, his colleagues John P. Slattery, Holden Thorp and Sudip Parikh of the AAAS (American Association for the Advancement of Science), the publisher of Science, have written an article where they say it even louder and clearer: “Science played a remarkable and shameful role in the scientific acceptance of eugenics in the United States and in the world […] that would lead to the forced sterilization of some 70,000 people in the United States and the genocide in Nazi Germany.”
Likewise, they have recalled that Science also announced and promoted the “First International Congress of Eugenics” of 1912 organized by Leonard Darwin, son of Charles Darwin, and that it published an article by him entitled “The objectives and methods of eugenic societies.” But they clarify that it was not something isolated. “The history of almost all the great museums and scientific societies of Western Europe and the United States is intertwined with the scientific, public and political acceptance of this [eugenic] movement, now discredited.”
Although it comes a century later, we are definitely facing a healthy acknowledgment of guilt, along with a cautionary alarm against the possibility of a new selective human extermination that is shielded by political correctness and ideological science.
For this reason, they warn of the current dangers in the control of human biology, especially in the degradation implied by in vitro fertilization (IVF), which can lead to a new supremacism. “Embryo selection [is] scientifically dubious and shares an ancestry with the racist history of eugenics.”
We hope then that, from now on, the publications of the journal Science show that this self-incrimination implies a permanent commitment in favor of the unrestricted respect of human dignity.

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