Poder y Hegemonía

Poder y Hegemonía

Power and Hegemony

Una de las consecuencias del pensamiento evolucionista que se expandió por Occidente a partir de “El origen de las especies” (1859) fue el llamado “darwinismo social”, un pensamiento abocado a enseñar que, en la sociedad, siempre prevalecen los más fuertes y poderosos, y que la vida del hombre se resume en una lucha por el poder.
Los principales sistemas económicos que surgieron en aquella época, capitalismo y comunismo, absorbieron el darwinismo social a su modo. Para el primero, la lucha por el poder debería darse “en libertad”, desprovista de la intervención del Estado y, para el segundo, el Estado debería acumular todo el poder frente a las personas.
Cuando el comunismo enfrentó sus propias limitaciones frente al afianzamiento del capitalismo en Europa y su área de influencia, surgió en Italia Antonio Gramsci para pedirle al marxismo que, si no puede alcanzar el poder, alcance estratégicamente la “hegemonía”, es decir, el control de la cultura y la moral social.
El objetivo final de la vida se reajustó, entonces, como una lucha por el poder o la hegemonía. Y la presuposición básica de este pensamiento es que todas las personas realmente luchan por esto, que todos son competidores y hasta enemigos a quien hay que aplastar primero, antes que ellos nos aplasten a nosotros.
No es difícil darse cuenta de que la inmensa mayoría de corrientes sociales y políticas, tanto en países democráticos como totalitarios, trabajan bajo este supuesto. Hasta es bien visto socialmente que se impulse a las personas a “empoderarse”, que es una forma sutil de inducirlos a acumular poder para enfrentarse a los demás
Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Es que, realmente, TODOS los seres humanos viven embriagados por una búsqueda de poder o hegemonía frente a los demás? ¿Es el sueño de “poder y hegemonía” el único ideal de las masas que día a día sustentan sus hogares? ¿O pueden existir otras motivaciones que sustenten las relaciones entre las personas?
Ciertamente existen otras motivaciones: bondad, solidaridad, hermandad, servicio, amor, etc. El reduccionismo que vivimos es una de las más grandes mentiras de la historia. En la vida real, la gran mayoría de seres humanos quiere paz y armonía, sin luchas irracionales, sin acumulación vana de poder y sin imponerse hegemónicamente sobre los demás.
Ya es tiempo de dejar atrás ese tóxico mito de que todo se trata de buscar poder y hegemonía. Ser hermanos de nuevo puede ser posible.

 

One of the consequences of the evolutionary thought that spread throughout the West from “The origin of the species” (1859) was the so-called “social Darwinism”, a thought aimed at teaching that, in society, the strongest and the strongest always prevail. powerful, and that the life of man is summed up in a struggle for power.
The main economic systems that emerged at that time, capitalism and communism, absorbed social Darwinism in their own way. For the first, the struggle for power should take place “in freedom”, devoid of State intervention and, for the second, the State should accumulate all power against the people.
When communism faced its own limitations in the face of the consolidation of capitalism in Europe and its area of ​​influence, Antonio Gramsci emerged in Italy to ask Marxism that, if it cannot achieve power, it strategically achieve “hegemony”, that is, control. of culture and social morality.
The ultimate goal of life was readjusted, then, as a struggle for power or hegemony. And the basic assumption of this thinking is that all people really fight for this, that everyone is a competitor and even an enemy who must be crushed first, before they crush us.
It is not difficult to realize that the vast majority of social and political currents, both in democratic and totalitarian countries, work under this assumption. It is even socially well seen that people are encouraged to “empower themselves”, which is a subtle way of inducing them to accumulate power to confront others
However, it is worth asking: Is it really that ALL human beings live intoxicated by a search for power or hegemony over others? Is the dream of “power and hegemony” the only ideal of the masses who support their homes day by day? Or can there be other motivations that sustain relationships between people?
Certainly there are other motivations: kindness, solidarity, brotherhood, service, love, etc. The reductionism we live in is one of the biggest lies in history. In real life, the vast majority of human beings want peace and harmony, without irrational struggles, without the vain accumulation of power and without imposing hegemony on others.
It is time to leave behind that toxic myth that everything is about seeking power and hegemony. Being brothers again can be possible.

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