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Pequeños amantes de la naturaleza

Los mosquitos que transmiten dengue, fiebre amarilla y cualquier virus extraño que ande zumbando. Las plantas venenosas o que son rociadas por funguicidas más peligrosos aún. El agua contaminada con todo lo que se le pueda poner. Los insectos que acechan…

Tanto y tan mal se ha hablado de la naturaleza, que muchos padres limitan el contacto de sus hijos con esta fuente de diversión. Un espacio que además los ayuda a crecer.

Más creativos

y sanos

La Asociación Americana de Psicólogos publica en un artículo que “el aumento de las pruebas demuestra los beneficios de la naturaleza para la psicología de los niños y el bienestar físico, incluido la reducción del estrés, una mayor salud física, mayor creatividad y una mejor concentración”.

Las virtudes de este contacto con la naturaleza son, en general, mayores que los supuestos riesgos. Después de todo y por más que se viva en una ciudad, los riesgos “derivados de la naturaleza” están latentes siempre. Claro que esto no quiere decir que haya que enviar a los niños a nadar en sitios donde ya se sabe que está contaminada el agua.

Sino que es importante tomar conciencia, elegir bien los espacios verdes, y permitirles a los pequeños correr, jugar a su antojo y hasta ensuciarse. Todas actividades saludables que generan, además, una mayor conciencia ecológica en los niños. Al menos esto puntualizan los psicólogos.

La teoría de la

“biophilia”

El estudio de la conexión entre los hombres y la naturaleza no es nada nuevo. Ya en 1980 y en la Universidad de Harvard, el biólogo Edward O. Wilson, PhD, lanzó una nueva teoría. La de la “biophilia”. Esta asegura que los seres humanos tienen una innata afinidad con el mundo natural.

Un gran estudio de la Universidad de Cornell dirigida por la ambientalista Nancy M. Wells, PhD, encontró que los niños que están cerca de la naturaleza tienen mayor desarrollo cognitivo. Otros análisis detectaron que este encanto verde ayuda a reducir el estrés, la angustia y hasta genera más interés por lo ambiental. Algunos psicólogos dicen que incluso, estas actividades, podrían mejorar los déficits de atención en la escuela.

Ciertamente, otro de los beneficios tiene que ver con la obesidad. Los niños prefieren la televisión y los videojuegos. En consecuencia: son obesos. Las estadísticas son bien alarmantes. El Examen Nacional de Salud y Nutrición del 2004 demostró que un tercio de los niños y adolescentes entre las edades de 2 a 19, tienen sobrepeso o riesgo padecer sobrepeso.

Incluso, un artículo de la Revista Internacional de Obesidad Pediátrica dice que en el 2010 casi la mitad de los pequeños que van a la escuela tendrán obesidad o sobrepeso. Esto es para América del Norte y del Sur. Una gran epidemia con serias implicancias para la salud.

¿Qué hacer?

La respuesta es muy simple. Aprovechar el tiempo de los chicos para desarrollar actividades al aire libre. Aquí van algunas posibilidades para toda la familia.

Un picnic todos los domingos. Nada más divertido para todos. Sólo basta con llevar una buena cesta y comida ligera. Lo demás se limita a jugar y jugar.

Partidos de fútbol. Si son muchos o pocos. Este deporte entretiene a todos. También se puede jugar a la paleta pelota, al escondite entre los árboles o a batear. La familia decide.

Safaris de fotos. Para que los pequeños conozcan más el mundo que los rodea, es interesante llevar una cámara y obtener imágenes de insectos, plantas y cuanto se cruce por el camino.

Expediciones. La familia entera puede jugar y generar sus propias aventuras. Sólo hay que ponerse en el lugar de los expedicionarios y recorrer bosques o cualquier espacio rodeado de vegetación.

La búsqueda del tesoro. Uno de los papás tiene que esconder algo que genere interés en los chicos. Y luego… ¡a jugar! Sólo basta con imaginarse que son piratas a punto de descubrir un gran tesoro. Será misión de los padres brindar las pistas para llegar a él.

Acampar. Aquellos que tienen más tiempo pueden incluso planificar todo un fin de semana en algún espacio verde. Ideal para esta época del año.

Pesca. Los más chicos se divertirán y será un gran momento en familia. Todos pueden empacar y pasar un gran día a la vera de un lago o río donde se pueda practicar esta disciplina.

Jugar a cuidar. Otro juego interesante y que generará conciencia en los más pequeños es justamente hacer una competencia de limpieza. Ir a algún parque con bolsas y guantes a recoger, por ejemplo, las hojas caídas de los árboles.

Todas estas actividades estimularán a los más pequeños y también ayudarán a que se conecten e interactúen con amigos, hermanos y con los mismos padres. Un sitio interesante para aprender más actividades es el de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos.

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