Ontología Transgénero

Ontología Transgénero

Transgender Ontology

La sociedad de hoy se dice científica y desarrollada, racional y objetiva. Pero apoya formas de pensamiento de extraña ontología. Por ejemplo, la ideología radical de moda que, excusándose en que hay personas que sienten “haber nacido en el cuerpo equivocado”, afirma que los sentimientos determinan la realidad.
Ya en 2018 el filósofo Ryan Anderson describió este fenómeno en “Cuando Harry se convirtió en Sally. Respondiendo al momento transgénero”, pero las cosas parecen no haber mejorado mucho. De hecho, el libro ha sido vetado en Amazon.
Repasemos algunas de los principios ideológicos que señala Anderson:
La retórica transgénero se basa en una afirmación ontológica: las personas son el “género” que dicen ser, independientemente de las pruebas contrarias. Esto, dicen ellos, no es filosofía sino reivindicación científica y médica.
Luego usan la expresión “sexo asignado al nacer” para dar cabida al concepto de “identidad de género” como base real del sexo. La identidad de género pasa, entonces, a ser el destino, mientras que el sexo biológico se reduce a “construcción social”.
Por esta razón, el tratamiento para las personas transgénero no trata de conformar la mente al cuerpo, sino lo contrario. Se centra en aliviar la angustia ayudando a la persona a vivir como si fuera del sexo opuesto y facilitándole la transformación del cuerpo para mayor apariencia.
Inclusive si son niños pequeños que dicen sentirse diferentes a lo que son. Ningún profesional puede ayudar a un niño que cree que es una niña a comprender que en realidad es un niño (o, viceversa).
Todo esto exige cambios radicales en las políticas públicas. Desde facilitar instalaciones especiales para el sexo que se desee utilizar, hasta imponer pronombres con los que otros deben referirse a ellos. El principio es que la realidad debe adecuarse a la fantasía e, inclusive, que la fantasía es la realidad.
Por eso, ni los propios padres pueden cuestionar los sentimientos de sus hijos sin exponerse a un adoctrinamiento o al retiro de la custodia infantil.
Pero ¿por qué sentirse un hombre hace que alguien lo sea? ¿Por qué nuestros sentimientos determinan la realidad sobre el sexo, pero no en otros casos? ¿Debemos aceptar la “realidad” transgénero, pero no la “realidad” transracial, transespecie y hasta transdiscapacitada?
Lo cierto es que las afirmaciones de los activistas transgénero son filosóficamente incoherentes. Los sentimientos no determinan la realidad. Y acallar las voces críticas solo resalta la falsedad de la ontología transgénero.

 

Transgender Ontology

Today’s society calls itself scientific and developed, rational and objective. But it supports forms of thought of strange ontology. For example, the radical ideology of fashion that, excusing itself in that there are people who feel “to have been born in the wrong body”, affirms that the feelings determine the reality.
Already in 2018 the philosopher Ryan Anderson described this phenomenon in “When Harry became Sally. Responding to the transgender moment,” but things seem not to have improved much. In fact, the book has been banned on Amazon.
Let’s review some of the ideological principles Anderson points out:
Transgender rhetoric is based on an ontological claim: people are the “gender” they claim to be, regardless of the evidence to the contrary. This, they say, is not philosophy but scientific and medical claim.
They then use the expression “sex assigned at birth” to accommodate the concept of “gender identity” as the actual basis for sex. Gender identity then becomes destiny, while biological sex is reduced to “social construction.”
For this reason, treatment for transgender people is not about conforming the mind to the body, but the opposite. It focuses on alleviating distress by helping the person to live as if they were the opposite sex and facilitating the transformation of the body for a better appearance.
Even if they are young children who say they feel different from what they are. No professional can help a boy who thinks he is a girl to understand that she is really a boy (or vice versa).
All of this requires radical changes in public policy. From providing special facilities for the sex you want to use, to imposing pronouns with which others must refer to them. The principle is that reality must conform to fantasy and even that fantasy is reality.
Therefore, not even parents can question the feelings of their children without exposing themselves to indoctrination or removal from child custody.
But why does feeling like a man make someone one? Why do our feelings determine the reality about sex, but not in other cases? Should we accept the transgender “reality,” but not the transracial, trans-species and even trans-disabled “reality”?
The truth is that the claims of transgender activists are philosophically incoherent. Feelings do not determine reality. And silencing critical voices only highlights the falsehood of the transgender ontology.

Share