Meta-Prisión

Meta-Prisión

Meta-Prision

La mayoría ya se enteró del nuevo nombre paraguas que han adoptado las famosas redes sociales Facebook, Instagram, Whatsapp o la compañía de realidad virtual Oculus. Todas son ahora Meta. El anuncio, hecho por el propio Mark Zuckerberg, es interpretado por muchos como una cortina de humo para ocultar el historial de denuncias que tiene la compañía, en especial los “Facebook papers” liberados por la ex-empleada Frances Haugen. Pero, en realidad, se trata de algo más sombrío.
Para entenderlo hay que empezar por aclarar cuál es el negocio de estas empresas. El producto que venden se llama “información masiva y detallada”. ¿De quién? De todos los usuarios (incluido tú). Cuanto más tiempo permaneces en una aplicación, más información recopilan sus algoritmos sobre ti: quién eres, con quién te relacionas, qué te gusta, qué opinas, dónde vas, etc. Y todo este “big data” —procesado con inteligencia artificial— sirve para vender publicidad personalizada y efectiva.
El problema es que, para mantenernos conectados, necesitan saturarnos de información cada vez más fuerte y nociva buscando que tu cuerpo libere abundantes neuroquímicos: dopamina para motivarte y oxitocina para vincularte. Ambas, en exceso, actúan igual que las drogas y pueden ser igual de tóxicas. Haugen demostró que Facebook lo sabe, pero que prioriza la rentabilidad antes que nuestro bienestar.
Sin embargo, hay mucho más. El nuevo negocio es controlar subrepticiamente a los usuarios manipulando sus decisiones o emociones. El escándalo de Cambridge Analytica es bastante conocido al respecto, pero no mucho que en 2012 Facebook alteró su algoritmo de noticias para manipular los “estados emocionales” de 700.000 usuarios. O que —como detalla Edward Snowden en Vigilancia permanente— la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) tiene acceso a toda la información que publicamos, incluidos nuestros mensajes privados. “Hasta la más mínima información que te destrozaría la vida”.
Y ahora buscarán pedirnos que entremos sonrientes al “metaverso”, un mundo virtual inmersivo que será enormemente más adictivo que las redes sociales y donde las personas deberán pasar la mayor parte de sus vidas.
Entrarán así a un nuevo nivel de negocio y de control humano que sobrepasará nuestra información y que buscará engullirnos a nosotros mismos.
El anzuelo del metaverso será una deslumbrante “experiencia” y muchos efectos especiales dentro de esta cárcel dorada. Todo para lograr que las personas entreguen su privacidad y su vida entera ante el nuevo amo digital: la élite que poseerá toda la infraestructura y los programas.

 

Most have already heard about the new umbrella name that the famous social networks Facebook, Instagram, WhatsApp or the virtual reality company Oculus have adopted. They are all now Meta. The announcement, made by Mark Zuckerberg himself, is interpreted by many as a smokescreen to hide the company’s history of complaints, especially the “Facebook papers” released by ex-employee Frances Haugen. But in reality, it is something darker.
To understand it, you have to start by clarifying what the business of these companies is. The product they sell is called “massive and detailed information.” Whose? From all users (including you). The longer you stay in an app, the more information its algorithms collect about you: who you are, who you relate to, what do you like, what do you think, where are you going, etc. And all this “big data” – processed with artificial intelligence – serves to sell personalized and effective advertising.
The problem is that, to keep us connected, they need to saturate us with increasingly strong and harmful information, looking for your body to release abundant neurochemicals: dopamine to motivate you and oxytocin to bond you. Both, in excess, act the same as drugs and can be just as toxic. Haugen showed that Facebook knows this, but that it prioritizes profitability over our well-being.
However, there is much more. The new business is surreptitiously controlling users by manipulating their decisions or emotions. The Cambridge Analytica scandal is well known about it, but not so much that in 2012 Facebook altered its news algorithm to manipulate the “emotional states” of 700,000 users. Or that – as Edward Snowden details in Permanent Surveillance – the NSA (National Security Agency) has access to all the information we publish, including our private messages. “Even the smallest information that would destroy your life.”
And now they will seek to ask us to enter the “metaverse” with a smile, an immersive virtual world that will be enormously more addictive than social networks and where people will have to spend most of their lives.
They will thus enter a new level of business and human control that will surpass our information and that will seek to engulf ourselves.
The hook of the metaverse will be a dazzling “experience” and many special effects within this golden prison. Everything to get people to surrender their privacy and their entire lives to the new digital master: the elite who will own all the infrastructure and programs.

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