Las mordidas, una forma de expresarse

Bimba Galán

Entre el año uno y los tres de edad, es muy frecuente descubrir a tu pequeño mordiendo cuanta objeto tiene a su alcance. Él mismo puede tomar sus manos o dedos y succionarlos e incluso, todo puede empezar con su boquita abierta que después se transforma en una mordida que tú misma controlas, tratando de alejarlo. Pero el verdadero problema inicia cuando tus hijos mayores u otros niños cercanos a tu bebé reciben una de ellas y a veces, con consecuencias considerables.
Si bien es cierto que esta manifestación se puede traducir en una agresión hacia otros que debe ser reprendida, también trata de una forma en la que tu hijo intenta transmitirte algo, ya sea que está ansioso, que requiere más atención de tu parte, que está celoso o tan simple como que siente molestias debido a la salida de los dientes.
¿Qué hay que hacer?
La psicóloga Mariana Rivera, señala que uno de los principales errores que se cometen, cuando este tipo de comportamiento se presenta en los niños, es que no se le presta la atención necesaria porque se asume como un proceso natural en su desarrollo. No obstante, se trata de una clara señal de que el niño no se siente bien consigo mismo y que busca una forma de expresarlo.
“Cuando los chicos están en sus primeros meses de vida, se manifiestan a partir del llanto y los adultos aprenden a interpretar sus necesidades, pero entre el año y en promedio hasta los tres, no tienen todos los elementos necesarios para decir con claridad qué es lo que desean y tampoco tienen la atención total de ellos como sucedía posteriormente a su nacimiento, de tal forma que usan la brusquedad como una forma de obtenerla.
“Hay que entender que no lo hacen con la intención de lastimar, simplemente encuentran que eso les resulta para convertirse en un punto de atracción, ahora bien, la labor de los padres va en dos vertientes: por un lado deben estar atentos a las necesidades que pueda tener el pequeño y por el otro corregir este comportamiento”, explica la psicóloga Mariana Rivera.
Además, la especialista sugiere visitar al pediatra con el fin de reportarle el comportamiento del chico a fin de que pueda ayudar también a detectar y aliviar en todo caso, alguna molestia con el brote de los dientes o incluso, si tienes convivencia con otros niños si está sufriendo alguna agresión que lo haga reaccionar de esta forma.
Un pequeño que está rodeado de un ambiente sano, no debe presentar mayor conflicto para corregir este comportamiento, de hecho es muy común que una vez que es sorprendido haciéndolo se le tenga que corregir dos o tres veces más, pero pronto entenderá que es algo negativo que debe evitar.
De acuerdo a la psicóloga, una manera de detectar cuando la acción de morder se está convirtiendo en algo más serio es si notas un dejo de coraje en su actitud y si esas mordidas van además, acompañadas de golpes, llanto, berrinches o a pesar de querer alejarlo de la persona a la que le está haciendo daño no se logra desprender.
“Si la situación se presenta de esta forma, es necesario vigilar los entornos en los que se desenvuelve, por ejemplo la guardería, si queda bajo el cuidado de una tercera persona y también hay que evaluarse como padres en el sentido de ver si se le está dando la atención adecuada o si son muy permisivos con él. De cualquier forma cuando el evento va acompañado de signos de agresión, es indispensable buscar el apoyo de un psicólogo para saber el origen de este comportamiento y brindarle la ayuda que requiere”, afirma.
En la formación de tu hijo es indispensable que te mantengas atenta e informada sobre su desarrollo, esto te ayudará a detectar de forma temprana cualquier comportamiento que lo pueda poner en riesgo, y esto debe ser a lo largo de su vida. Saber qué puedes esperar de cada etapa te permitirá estar preparada para hacer frente a cada situación y ayudar a tu hijo a tener un crecimiento sano.

Colaboración de Fundación Teletón México
“El principio de la paciencia empieza por uno mismo”
Bojorge@teleton.org.mx

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