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¿no es como la de antes?<!--:-->

La juventud de hoy, ¿no es como la de antes?

Por Winston A. García

“La juventud de hoy, no es como la de antes”, he escuchado esta frase en repetidas ocasiones, así se expresan muchos padres refiriéndose a sus hijos, cuando estos se unen a pandillas, se hunden en la drogadicción, en el alcoholismo o inician una vida sexual a muy temprana edad.

¿Qué provoca todas estas situaciones tan negativas en las nuevas generaciones?

Lo que sucede es que un alto porcentaje de padres de familia no han podido o no han sabido como darles una buena educación a sus hijos.

Científicamente se ha comprobado que es en los primeros años de vida, cuando el cerebro se desarrolla más rápidamente y las experiencias en los primeros años, marcan el resto de la vida de los seres humanos. Si no les damos una base moral sólida a nuestros hijos, cuando aun tenemos influencia directa sobre ellos, al momento de empezar a relacionarse con jóvenes de su misma edad o un poco mayores, no estarán preparados para resistir las tentaciones que el “mundo” ofrece. Serán jóvenes y jovencitas muy vulnerables.

Un niño que ha recibido afecto, ternura, cariño, comprensión de parte de sus padres, no necesitará buscar que le presten atención en otro lado. Un niño que ha sido respetado, que ha sido escuchado, que ha tenido la oportunidad de expresar sus puntos de vista, será un niño seguro de si mismo, su autoestima será alta.

Que la juventud de hoy, no es como la de antes, es cierto, la juventud de hoy es mejor que la de antes. ¿Por qué? Bueno, simplemente analicemos lo siguiente, si la humanidad no fuera en continuo desarrollo, estaríamos estancados, no habría progreso si las nuevas generaciones no fueran mejores que las anteriores. El mundo se ha globalizado, los avances tecnológicos en la última década son sorprendentes, esto hace que nuestros niños y jóvenes sean sorprendentes de igual forma.

Están expuestos a mucha información y si no cuentan, como mencionamos con anterioridad, con una sólida base moral, si no se les ha inculcado principios y valores, tenderán a captar y a poner en práctica, más lo negativo, que lo positivo.

Da la impresión, que de forma paralela, y a un mismo ritmo, al ir incrementando el acceso a la tecnología, los principios y valores de la sociedad, han ido en detrimento.

Los padres ya no les dedicamos el tiempo necesario a nuestros hijos, tratamos de recompensar la falta de atención y de tiempo dedicado a ellos, con cosas materiales, por otra parte, los niños y los jóvenes cada día tienen menos responsabilidades en casa, además, cada vez realizamos menos actividades familiares.

Hoy día padre y madre trabajan fuera de casa, algunas veces hasta en dos trabajos o bien se trabaja los fines de semana. Buscando un mejor futuro económico para nuestros hijos, no nos damos cuenta que estamos dejando escapar, como agua entre los dedos, algo que no tiene precio: el tiempo que podamos compartir con ellos, el saber escucharles, el orientarlos, jugar con ellos, reír con ellos, el dejarles saber que les amamos incondicionalmente, si, que les amamos simple y sencillamente porque son nuestros hijos, es muy importante.

Pero no basta solo con amar a nuestros hijos, debemos también aprender a expresarles ese amor, a transmitírselos, a que ellos lo escuchen, lo palpen, lo respiren.

Es tan importante disciplinar, como amar, ambas cosas deben ir de la mano, amarles no significa darles libertades mas de las convenientes para una sana educación. A los niños y adolescentes, hay que disciplinarlos constantemente, ellos deben llegar a comprender cuales son los parámetros permitidos, sin llegar a tener demasiadas restricciones que pueda provocar que se vuelvan rebeldes, o hagan cosas a escondidas.

Llevar todo esto a la práctica, puede resultar más difícil que leerlo o escribirlo, pero debemos trabajar constantemente por ser mejores padres. No debemos desanimarnos ni buscar culpables, si la educación de nuestros hijos se nos ha salido del control, busquemos ayuda en los sicólogos de las escuelas, en los líderes religiosos, en organizaciones e instituciones sociales que promuevan la unidad familiar.

Debemos pedirle a Dios diariamente que nos de sabiduría para actuar. La responsabilidad más grande que tenemos en la tierra, es el educar a nuestros hijos, ellos son la herencia bendita que Dios nos dio. Son seres humanos en formación, cuyo carácter, temperamento y actitud nosotros debemos ir ayudando a forjar cada día. La tarea no es fácil, como tampoco es imposible de llegar a realizarla con excelencia. Todo depende de la seriedad con que tomemos esta responsabilidad.

Sin importar la religión a la que usted pertenezca, si usted cree en Dios, déjeme decirle que sí hay un manual de vida, un manual de cómo llegar a ser buen padre, se llama Biblia, leala diariamente y pida sabiduría al altísimo para saber entenderla, comprenderla e interpretarla.

Que Dios le bendiga,

hasta la próxima.

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