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La definición de liberalismo

No lo tenemos fácil los liberales. Nos definen otros, juegan con nuestro propio nombre, y éste acaba significando cosas radicalmente diferentes en lugares distintos: en Estados Unidos ‘liberal‘ significa casi lo mismo que en la Europa del Norte ‘socialdemócrata’, y allí nos cambian la identidad a ‘libertarian’, pero si con eso regresamos a Europa nos encontramos con que un ‘libertario’ es un anarquista… o quizá no, porque nos saldrán también con socialistas libertarios como Proudhon y comunistas libertarios como Bakunin.
No es baladí esta indefinición, porque así se difumina el mensaje liberal, y no digamos cuando se le agregan prefijos al nombre: ‘neoliberal’, para algunos críticos desde la izquierda, acaba siendo un latiguillo que, en realidad, es para ellos un sinónimo de ‘neoconservador’ (o ‘neocon’, su abreviación sajona), es decir, “ese egoísta y desalmado culpable de todos los males modernos al haber impulsado una desregulación abusiva, madre de abusos, monopolios y burbujas”.
Esa niebla, a veces interesada, tiene bastante que ver con la dificultad de trasladar los conceptos liberales a la arena política: muy pocas veces han logrado los liberales en Europa fuerzas electorales capaces de optar a dirigir gobiernos: los liberales alemanes, los liberal-demócratas británicos tradicionalmente se contentan con un papel de partido-bisagra al que puedan acudir los de la derecha conservadora o la izquierda socialdemócrata cuando no alcanzan la mayoría parlamentaria. Y es que los mensajes más simplistas de derecha o izquierda suelen resultar más cómodos de asumir que el de la libertad y la responsabilidad individuales como valores supremos de una sociedad civilizada.
Vivimos en una era en la que, tras los absolutismos, la idea de libertad individual sigue incomodando a quienes aspiran al poder y, por ello, al control de las masas. Otros derechos o pseudoderechos se han colocado por delante de los derechos individuales: los derechos de los grupos, los derechos de los territorios, los derechos “históricos”…
Para vencer ese muro de silencio o de ambigüedad que otros colocan a su alrededor, el liberalismo depende hoy de un esfuerzo ingente de información, de educación, de cultura.

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