Hermanos: Que nada los separe

Sergio Ibáñez

Velázquez

Tener una buena relación con nuestros hermanos o hermanas es de lo más valioso que puede haber en la vida. Es tener a una persona en quien podemos confiar, compartir las cosas buenas y contar cuando nos va mal. Es saber que alguien que nos quiere y nos conoce realmente, va a estar ahí en cualquier momento, hasta el final.

Sin embargo, existen casos en los que debido a diversos factores el lazo fraternal se va deteriorando, o en los que los familiares, simplemente, al crecer se van alejando. En ocasiones esto es inevitable, pero la mayoría de las veces, es provocado por peleas pasadas o, incluso, por tener caracteres o personalidades diferentes; situaciones que se pueden solucionar con un poco de voluntad y disposición entre las partes.

Sin importar el estado en el que se encuentre, siempre es bueno tratar de mejorar y fortalecer el nexo de hermandad. La doctora Raquel Liberman, psicóloga docente en el Instituto de la Familia, explica que para que los hermanos puedan tener una mejor y más sólida relación al ser adultos, es necesario que se ubiquen en el presente y que actúen con la madurez necesaria para superar problemas antiguos o viejos rencores que no les permitan llevarse bien: “Lo que pueden hacer, es tratar de cerrar episodios negativos del pasado producidos por las circunstancias familiares del momento y que ocasionaron un distanciamiento entre ellos, así como resolver adecuadamente aquéllos que puedan ocasionar problemas en el futuro. Hay que procurar concentrarse en reforzar la unión fraternal, lo que puede hacerse reconociendo las raíces, enseñanzas y valores familiares positivos”.

La especialista comenta que es importante hacer lo posible por no perder las costumbres de la familia, aquéllas que implican experiencias felices, momentos de diversión o de convivencia agradable; pues el celebrar habitualmente lo que podría considerarse como ciertos rituales, que de forma reiterada generan bienestar, provocará que los hermanos se sientan más unidos. Las reuniones, los paseos, las festividades y, en general, los eventos compartidos, ayudan a alimentar el cariño y a conservar las raíces y los valores comunes.

No obstante, no son forzosamente necesarias las fiestas a lo grande o las tradiciones para que se lleven mejor. Juntos pueden realizar cualquier actividad con la que se identifiquen y que implique pasar tiempo en compañía. No hay ninguna razón para no hacer con nuestros hermanos las cosas que hacemos con otras personas. Se trata de convivir lo suficiente como para darle vida a los vínculos amorosos, de fomentar la armonía y la solidaridad; de lograr ser confidentes.

Conseguir todo lo anterior es fácil. Simplemente hay que tratar de mantener un equilibrio entre dar y recibir; que el apoyo, la confianza, la lealtad y el afecto sean recíprocos. Con el ánimo y el interés de ambas partes, pueden convertirse en los mejores amigos. Cuando se cree en la importancia del lazo fraterno y se refuerza con respeto y constancia, se construye una alianza duradera y muy difícil de romper.

Existen muy pocas personas que podrán estar con nosotros el resto de nuestras vidas. No hay que permitir que las circunstancias o sentimientos negativos nos separen de ellas. Tener hermanos es una gran fortuna que no siempre se reconoce ni se valora. Con amor se puede ser eso y más.

“Tenemos mucho,

hagamos más”.

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bojorge@mexicounido.org.mx

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