“Ese Niño Será Su Salvación”

“Ese Niño Será Su Salvación”

La joven hacía poco había cumplido 18 años. Lucía toda la belleza de su juventud. Además, estudiaba en la universidad. Pero, y este era el pero del papá, también lucía un embarazo de seis meses. La joven seguía viviendo con el padre. Ya que estaba esperando, el novio de la joven y presunto padre del bebé venía a visitar a la chica varias veces al día… y el padre se enfurecía. Hoy se encontraban en el tribunal. El padre pedía una Medida de Protección contra el muchacho. El juez negó todas las razones que ponía el padre. La norma para una Medida de Protección por acoso civil es alta. El Demandante tiene que demostrar acoso continuo y persistente de tal modo que el Demandado tema que su vida corre peligro grave e inmediato. Sólo pudo comprobar que el chico iba a la casa, la chica le hacía pasar. Se cruzaban palabras ofensivas entre el padre y el chico. Luego el chico ayudaba a pintar y decorar la recámara del bebé que vendría en pocos meses. “Ese niño arruinó el futuro de mi hija. Ese embarazo la perjudicó, le ha causado un tremendo daño. Yo soy padre soltero y no tengo tiempo ni dinero para criar un hijo más. Yo sé que no le puedo escoger el hombre a mi hija, pero ese holgazán ya le arruinó su vida”. “Señor, ahora le hablo como amigo, no como Juez. Ponga atención. ¡Ese niño podrá ser su propia salvación! Haga las paces con su hija, que pronto será abuelo”.
La Escritura también nos habla de un caso parecido. Una jovencita, también embarazada, pero comprometida. El señor muy enamorada de ella. Calumnias y chismes iban y venían. La chica no tenía de qué avergonzarse. “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38). Y ese niño que crecía en su vientre ciertamente que era nuestro Salvador. El fue ese “santo ser”, el nuevo hombre delante de Dios, a favor de toda una humanidad. Con su vida santa, alegre, y pura tapó la boca a toda calumnia. “Viene el príncipe de este mundo, y nada encuentra en mí” declaró ante sus acusadores (Juan 14:30). Y finalmente para conquistar a toda incredulidad subió a la cruz para pagar por el pecado de los mismos incrédulos. “He venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”, fue su promesa a los que creen en su nombre. Y a todos ellos los ha declarado hijos e hijas de Dios. Ciertamente de lo que parecía un revés más, un capítulo más de tristeza en la historia de la humanidad, Dios lo dispuso para el rescate de todo ser humano que ponga su fe en Él. “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6).
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