¿Puede un líder conservador salvar Guatemala?

¿Puede un líder conservador salvar Guatemala?

El sábado, el presidente de Guatemala Otto Pérez Molina fue investido después de su victoria en la segunda vuelta de las elecciones de noviembre contra Manuel Baldizón Méndez. Pérez, miembro del conservador Partido Patriota, no tiene una tarea fácil por delante ya que tiene que dar un paso adelante para liderar un país que algunos han denominado como una de las naciones más peligrosas del mundo.

Al igual que México, el crimen y la violencia causada por organizaciones criminales transnacionales es endémica en toda Guatemala. En 2010, por ejemplo, la tasa de homicidios en Guatemala (41 de cada 100.000 personas) era seis veces el promedio mundial y más del doble de lo que era en México. Para empeorar las cosas, el sistema judicial y legal en Guatemala está plagado de corrupción e ineficiencia, lo que signifca que aproximadamente el 98% de los crímenes violentos quedan impunes.

Aunque Guatemala no está sola en su lucha contra esas organizaciones, es de vital importancia debido a su ubicación estratégica. Al compartir una fronteraa de 541 millas con México, Guatemala sirve como punto de tránsito para las drogas que viajan desde América del Sur atravesando México y Estados Unidos. Siguiendo “el camino de menor resistencia”, se sabe que tanto el cártel de Sinaloa como el de Los Zetas, dos de las mayores organizaciones criminales transnacionales de México, operan en Guatemala

Pérez, un ex general del Ejército de Guatemala, se ha comprometido a utilizar al ejército para luchar contra el creciente comercio de narcóticos y para reclutar a 10,000 nuevos miembros de la policía. Estas acciones, sin embargo, pueden ser insuficientes para mejorar el imperio de la ley y combatir gran parte de los problemas que afectan la seguridad pública de Guatemala. Con una historia de abusos cometidos por los militares derivados de una guerra civil no tan lejana, lanzar al ejército guatemalteco a afrontar los problemas de seguridad del país puede no ser la solución. Más bien, como Cynthia Arson del Centro Woodrow Wilson, explica “Guatemala tiene que realzar el papel de las instituciones policiales y de justicia o se arriesga a regresar al patrón de abusos militares”.

Incluso si Pérez pone en marcha una iniciativa seria para aumentar el poderío de la policía guatemalteca, la realidad fiscal de la nación puede plantear problemas. Con la recaudación general de impuestos que asciende a un 10.7% del total nacional de ingresos —bajos incluso para los estándares de América Latina— Guatemala podría no contar con los recursos financieros necesarios para designarlos a la seguridad pública.

Como vecino cercano en el Hemisferio Occidental y un socio fundamental en la seguridad y el comercio, Estados Unidos tiene un particular interés en la seguridad de Guatemala. Si bien Estados Unidos ha contribuido a la seguridad de Centroamérica a través de la Iniciativa Regional de Seguridad para América Central (CARSI), es necesario un grado mayor de apoyo sostenido.

Con el presidente Otto Molina Pérez en el poder, podemos esperar que Guatemala continue siendo un aliado clave para Estados Unidos y así potenciar la seguridad de Centroamérica. En cualquier caso, Guatemala es un país de vital importancia que la administración Obama simplemente no puede permitirse el lujo de ignorar.

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