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“El Matrimonio Nulo”

Un caballero de unos 40 años se presentó al tribunal solicitando la nulidad de su matrimonio. “¿Y la razón?” preguntó el juez. “No estaba en mis cabales cuando me casé”. “Casi nadie está en sus cabales cuando se casa, señor”, bromeó el juez. “¿Por qué su locura es diferente?” “Eso pasó hace 22 años. Había ido a Las Vegas para celebrar mis 18 años con unos amigos. Ahí nos encontramos con unas chicas. Una de ella me cayó bien, todos parrandeamos y tomando hasta emborracharnos. Una de las amigas sugirió que llamáramos a un payaso de paga para que nos casara. ¡Ja, ja, ¡a todos nos gustó la broma! Al poco rato llegó, también estaba borracho, y como si fuera un gran chiste, nos persignó, echó la bendición, y declaró casados. El payaso nos cobró una botella de Whisky, la tomamos entre todos hasta que caímos del sueño y de la borrachera. La muchacha se fue antes que me despertara y nunca más la volví a ver. Para mí todo fue una broma”. “La broma le salió cara”, comentó el juez. El señor no se incomodó: “Y es que ahora sí me quiero casar. Y cuando fui por el permiso a la Municipalidad, me di con la sorpresa que eso no fue ninguna broma. El payaso había dado mis datos a la Secretaría y me registraron como casado…”
Aparte de comentar lo obvio, que con el matrimonio no se juega, ni de joven ni de viejo, en el tribunal de arriba hace siglos atrás se declaró un matrimonio muy disparejo. Jesús, el Cristo, el Soberano Rey y Creador del universo se casaría con su esposa, un planeta rebelde, incrédulo, desquiciado, blasfemo, perverso, criminal, y en rumbo a la destrucción de su propio planeta. A la novia (nosotros) todo le ha parecido un cuento de Hadas, una locura. Le hemos dado la espalda al  esposo, y nos hemos dado a la borrachera de vicios incontables, los peores la avaricia, el odio, y la codicia. ¿La reacción del Esposo? Fidelidad. «Con amor eterno te he amado; por eso te sigo con fidelidad… ¿Hasta cuándo andarás errante, hija infiel? El Señor creará algo nuevo en la tierra, la mujer regresará a su esposo.» (Jeremías 31:3,22). El enamorado busca ganarse el corazón de su amada con una gran prueba de su amor. Eso fue lo que Jesucristo hizo en la cruz. Allí tomó todas las culpas y pecados de los habitantes del planeta tierra, y para limpiarlas, murió por ellas. Ese gran amor nos deja atónitos sin palabras, y nos mueve hacia Él. Está predicho, no hay que poner más resistencia: “La mujer regresará a su esposo”. “Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella… para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección… «Esto es un misterio profundo; pero yo me refiero a Cristo y a la iglesia (Efesios 5:25-27, 31-32). Mira las cicatrices en sus manos. Con ellas firmó el certificado. No es broma alguna. Desde hace siglos pertenecemos a Él.

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