El Mal Gobierno y la Falta de Sentido Común

El Mal Gobierno y la Falta de Sentido Común

Bad Government and the Loss of Common Sense

En una ocasión, un discípulo le preguntó a Confucio: “¿Cuáles son los ingredientes fundamentales de un buen gobierno?” Confucio respondió: “Alimentos, armas y la confianza del pueblo”. “Pero si tuvieras que prescindir de uno de esos tres ingredientes, el discípulo seguía preguntando,” ¿de cuál de ellos prescindirías? “” De armas “.” ¿Y si tuvieras que prescindir de uno de los otros dos? “” De comida “.” ¡Pero, sin comida, la gente moriría …! “” Desde tiempo inmemorial,” dijo Confucio,” la muerte ha sido el destino de los seres humanos. Pero un pueblo que ya no confía en sus gobernantes está verdaderamente perdido.”
El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Somos el producto de una sociedad que ha impregnado nuestras mentes de creencias que generalmente nos fueron impuestas con la intención de convertirnos en ciudadanos funcionales. Cuando los cambios políticos requieren una transformación de la sociedad, para algunos, adaptarse es difícil. Principalmente cuando el cambio amenaza directamente las libertades fundamentales como el derecho a la libre expresión y el derecho a la vida. Los cambios sociopolíticos y económicos como los que se han producido a lo largo de más de un siglo y que muestran una tendencia innegable a privar a la humanidad de sus derechos fundamentales sólo pueden tener como objetivo último instalar un A2
autoritarismo global. Pero siempre, durante cada conflicto, un sector de la población trató de despertar a otros del peligro eminente que acechaba detrás del umbral y lo mismo está sucediendo hoy. Algunos de nosotros hemos pasado meses tratando de comunicar un mensaje simple: la guerra más peligrosa es aquella en la que no sabes que te encuentras.
Sin embargo, despertar a otros puede ser una tarea difícil ya que las masas, acostumbradas a reducir su migraña tomando pastillas, piensan que lo mismo se puede aplicar a los problemas nacionales. Algunos prefieren eludir sus responsabilidades sumergiéndose en una modorra mental que los mantiene pegados a las pantallas de sus dispositivos electrónicos, completamente inoculados contra cualquier pizca de luz que pueda sacudir el polvo mental que han acumulado durante años. Otros pueden molestarse cuando algún valiente trata de sacudir sus creencias con una nueva idea y culpan a otros por su propia incapacidad para escuchar y estar alerta, lo cual no resuelve problema alguno, pero si desperdicia indispensables energías. Es difícil liberar a los tontos de las cadenas que veneran, dijo Voltaire.
Seguramente los grandes iluminados tenían una gran ventaja sobre nosotros en su capacidad para afrontar la vida y percibir el mundo que los rodeaba. Para la mayoría de nosotros, despertar sigue siendo un proceso lento que requiere tiempo, paciencia, comprensión, compasión, esfuerzo y buen sentido del humor. Erradicar las creencias impuestas por generaciones puede llevar toda una vida. Sacar un pie fuera del círculo de la jaula mental en la que hemos sido colocados requiere un esfuerzo extraordinario. Escapar del confort y la dependencia que proporciona la tecnología y despertar del sueño profundo en el que nos hemos sumergido puede parecer un acto verdaderamente trascendental. Pero, aunque el despertar pueda parecer un acto inconmensurable e imposible, no lo es. La prueba es que a lo largo de la historia la gente común lo ha logrado, principalmente cuando su propia supervivencia dependía de abrir los ojos a una nueva realidad.
El único problema es que, según CJ Hopkins, “se acabó el tiempo para que la gente despierte “. En este punto, o te unes a la lucha para preservar lo que queda de esos derechos y esa soberanía, o te rindes al ‘ Nueva Normal ‘, al totalitarismo capitalista global. “No hay tiempo para un despertar normal porque en este preciso momento, en todo el mundo, los ejércitos están comenzando a atrincherarse para dar su golpe más fuerte y eficaz que posiblemente podría arrojarnos a una guerra convencional.
Hasta ahora, esta ha sido una guerra híbrida; económica, social, cibernética y biológica donde el objetivo principal ha sido capturar la mente de los habitantes para poder destruir fácilmente las instituciones sociales y el sistema económico con el propósito de instalar un gobierno autoritario y globalista a nivel mundial.
¿Alguna vez has imaginado estar en una bifurcación donde tus acciones tienen un impacto directo en tu propia existencia y la de los demás? La historia de la humanidad está repleta de hechos extraordinarios que sacudieron las sociedades de aquellos tiempos, obligando a las personas a tomar decisiones como la que hoy tienes que tomar y, entregándose al Todopoderoso, preguntaron; “¿Será esto lo mejor?” Desde la Revolución Americana de 1776, este país ha atravesado eventos a gran escala donde los buenos en turno convencieron a las masas de que su participación era fundamental para fortalecer la democracia mientras los banqueros financiaban a ambos lados del conflicto, multiplicando su riqueza y reafirmando a cada paso su propia agenda que sigue siendo la misma hoy: el control absoluto de las masas.
Las sabias palabras de Confucio tienen hoy una resonancia perfecta y contemporánea porque también hemos perdido la confianza en nuestros representantes y en un sistema de gobierno comprometido e infiltrado por enemigos extranjeros cuya prioridad ha sido inducir una dependencia masiva del pueblo y limitar su resistencia. Según John Barrón, en 1980 ya había 50.000 agentes rusos en Estados Unidos. JR Nyquist, por otro lado, cree que para 2015, esa cifra ha aumentado a un mínimo de 100.000 espías que reclutan activamente a estadounidenses que no se dan cuenta de que pueden estar trabajando para los intereses rusos o chinos. “Si trabajas para la CIA y tu jefe es un agente ruso, ¿para quién trabaja realmente?”
Estos eventos han conducido inevitablemente a lo que los patriotas llaman la Segunda Revolución Americana. Cabe señalar que todas las revoluciones físicas son destructivas, pueden ser saboteadas y sus efectos temporales. La única perdurable es la revolución de la conciencia. Un requisito inquebrantable para participar de manera efectiva en esta revolución tiene que ser la capacidad de estar completamente alerta y ser racional, y de adherirse a la única regla de evitar acciones que dañen la vida o permitir que la inacción dañe la vida. Un gobierno que opera en las tinieblas no sirve de nada a quienes buscan exponer la verdad. Para ganar esta “guerra de información” tiene que prevalecer la verdad y hacerse pública para que las masas puedan verificar, apoyar, y participar en una revolución distinta que tenga la capacidad de neutralizar al enemigo. Según Krishnamurti, la fuerza más poderosa que ejerce el mal sobre nosotros es hacernos creer que es necesario eliminarlo. Esta revolución tiene que ser portadora de una visión clara y formidable con la capacidad para transformar nuestro país en una verdadera república democrática, devolviendo a sus ciudadanos la dignidad y el respeto, y brindándoles la oportunidad de participar y reconstruir el experimento constitucional que los Padres Fundadores iniciaran en 1776.

 

On one occasion, a disciple asked Confucius: “What are the fundamental ingredients of good government?” Confucius replied: “Food, weapons and the trust of the people.” “But if you had to do without one of those three ingredients, the disciple kept asking,” which of them would you do without? “ “Of arms.” “What if you had to do without one of the other two?” “From food.” “But, without food, people would die …!” “From time immemorial,” said Confucius, “death has been the destiny of human beings. But a people who no longer trust their rulers is truly lost. “
The road to hell is paved with good intentions. We are the product of a society that has permeated our minds with beliefs that were generally imposed on us with the intention of becoming functional citizens. When political changes require a transformation of society, for some, adapting is difficult. Mainly when the change directly threatens fundamental freedoms such as the right to free expression and the right to life. Socio-political and economic changes such as those that have taken place over more than a century and that show an undeniable tendency to deprive humanity of its fundamental rights can only have the ultimate goal of installing a global authoritarianism. But always, during each conflict, a sector of the population tried to wake up others to the eminent danger that lurked behind the threshold and the same is happening today. Some of us have spent months trying to communicate a simple message: the most dangerous war is the one in which you don’t know you’re in.
However, waking up others can be a difficult task since the masses, used to reducing their migraine by taking pills, think that the same can be applied to national problems. Some prefer to evade their responsibilities by immersing themselves in a mental drowsiness that keeps them glued to the screens of their electronic devices, completely inoculated against any speck of light that could shake off the mental dust they have accumulated for years. Others may get upset when a brave person tries to shake his beliefs with a new idea and blame others for their own inability to listen and be alert, which only wastes essential energy. It is difficult to free fools from the chains they revere, said Voltaire.
Surely the great enlightened ones had a great advantage over us in their ability to face life and perceive the world around them. For most of us, awaking is still a slow process that requires time, patience, understanding, compassion, effort, and a good sense of humor. Eradicating beliefs imposed by generations can take a lifetime. Getting one foot out of the circle of the mental cage in which we have been placed takes extraordinary effort. Escaping the comfort and dependence that technology provides us and waking up from the deep sleep in which we have immersed ourselves can seem like a truly momentous act. But, although awakening may seem an immeasurable and impossible act, it is not. A2
The proof is that throughout history ordinary people have achieved it, mainly when their own survival depended on opening their eyes to a new reality.
The only problem is that, according to CJ Hopkins, “the time for people to” wake up “is over. At this point, either you join the fight to preserve what remains of those rights and that sovereignty, or you surrender to the ‘New Normal’, to global capitalist totalitarianism. “ There is no time for a normal awakening because at this precise moment, worldwide, the armies are beginning entrench themselves to deliver their strongest and most effective blow that could possibly throw us to a conventional war. Up until now, this has been a hybrid war; economic, social, cybernetic, and biological where the main objective has been to capture the minds of the inhabitants to be able to easily destroy social institutions and economic systems with the purpose of installing an authoritarian and globalist government worldwide.
Have you ever imagined being at a crossroad where your actions have a direct impact on your own existence and that of others? The history of humanity is full of extraordinary events that shook the societies of those times, forcing people to make decisions like the one you have to make today and, while entrusting themselves to the Almighty, they asked; “Will this be the best?” Since the American Revolution of 1776, this country has gone through large-scale events where the good guys in turn convinced the masses that their participation was essential to strengthen democracy while the bankers financed both sides of the conflict, multiplying their wealth and reaffirming at every step an agenda that remains the same today: absolute control of the masses.
Confucius’ wise words have perfect and contemporary resonance today because we have also lost confidence in our representatives and in a government system compromised and infiltrated by foreign enemies whose priority has been to induce massive dependence on the people and to limit their resistance. According to John Barron, by 1980 there were already 50,000 Russian agents in the United States. JR Nyquist, on the other hand, thinks that by 2015, that figure has risen to a minimum of 100,000 spies actively recruiting Americans who do not realize that they may be working for Russian or Chinese interests. “If you work for the CIA, and your boss is a Russian agent, who are you really working for?”
These events have inevitably led to what some patriots call the Second American Revolution. It should be noted that all physical revolutions are destructive, can be sabotaged, and their effects temporary. The only lasting one is the revolution of consciousness. An unwavering requirement to participate effectively in this revolution has to be the ability to be fully alert and rational, and to adhere to the one rule of avoiding action that harms life or allowing inaction to harm life. A government operating in darkness is of no use to those who seek to expose the truth. In order to win this “information war” the truth has to prevail and has to be made public so that the masses can verify, support, and participate in a different revolution with the capacity to neutralize the enemy. According to Krishnamurti, the most powerful force that evil holds over us is to make us believe that it is necessary to eliminate it. This revolution has to be the bearer of a clear and formidable vision with the capability to transform our country into a true democratic republic, restoring dignity and respect to its citizens, and offering them the opportunity to participate and rebuild the constitutional experiment that the Founding Fathers began in 1776.

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