Cuerpo y Mente

Cuerpo y Mente

Body and Mind

Cada persona es una unidad. Separarla mentalmente en cuerpo y alma (pensamientos, sentimientos, voluntad) sólo es posible con fines didácticos, ya que ambos son uno, están profundamente cohesionados y obedecen a una misma esencia. Un cuerpo sin alma está muerto, y un alma sin cuerpo no es humana.
Sin embargo, desde los antiguos filósofos griegos el mundo occidental ha entendido la realidad humana en términos dualistas o de oposición. Para Platón el hombre tenía un cuerpo y un alma que se podían pensar por separado, casi sin mucha relación uno con el otro. Este dualismo ontológico caló mucho en la conciencia occidental y se prolonga de forma extrema hasta la actualidad.
El extravío empeoró en el siglo XX con la idea del “género” o “sexo percibido”, que creó la ilusión de que había una separación profunda entre la mente y el cuerpo. Para el feminismo radical que apoyó esta idea la persona ya no sólo dejaba de ser una, sino que ahora se componía de dos enemigos contrapuestos y jerarquizados. La mente pasaba a producir la realidad fáctica, totalizadora y determinante —a partir de su “autopercepción”—, mientras que el cuerpo era degradado a ser una simple envoltura moldeable.
La ideología transgénero ha llevado esta idea mucho más lejos. Permite tratar al cuerpo como una realidad ajena a la mente y, si hay divergencia entre ambos, condena al cuerpo a ser modificado o “performado” según los deseos de la mente. Para esto, ha surgido una complaciente industria que apoya la “transición” a cambio de generosos estipendios.
El resultado salta a la vista. Varios países occidentales, incluidos los Estados Unidos, presentan hoy un tsunami de niños “transformados”, según sus deseos, con bombardeos hormonales y mutilaciones genitales, que termina después como un ejército de “detrans” arrepentidos.
Pero es la ideología transhumanista la que lleva el dualismo a un extremo abismal. Para ella, el cuerpo y la mente son performables, y ambos (especialmente el cuerpo) deben desaparecer. La mente, entendida como única esencia humana, deberá digitalizarse y fusionarse con la tecnología, para convertirse en un nuevo ser: el posthumano. Multitud de películas y series actuales venden esta idea.
Lamentablemente, una vez más, el dualismo salvaje no les ha dará las respuestas. No es seccionando a la persona, mutilándola o desapareciéndola, que se logra redimirla. Eso sólo se logra retornando a la verdad objetiva de la unidad esencial e indivisible entre cuerpo y mente.

 

Each person is a unit. Separating it mentally into body and soul (thoughts, feelings, will) is only possible for didactic purposes, since both are one, they are deeply cohesive, and obey the same essence. A body without a soul is dead, and a soul without a body is not human.
However, since the ancient Greek philosophers the Western world has understood human reality in dualistic or oppositional terms. For Plato, man had a body and a soul that could be thought of separately, almost without much relationship with each other. This ontological dualism deeply penetrated Western consciousness and continues in an extreme way to the present day.
The misguidance began in the 20th century with the idea of ​​“gender” or “perceived sex,” which created the illusion that there was a deep separation between mind and body. For the radical feminism that supported this idea, the person no longer only ceased to be one, but now consisted of two opposing and hierarchical enemies. The mind began to produce the factual, totalizing and determining reality – from its “self-perception” -, while the body was degraded to being a simple moldable envelope.
Transgender ideology has taken this idea much further. It allows treating the body as a reality oblivious to the mind and, if there is a divergence between the two, it condemns the body to be modified or “performed” according to the wishes of the mind. For this, a complacent industry has emerged that supports the “transition” in exchange for generous stipends.
The result is obvious to the eye. Several Western countries, including the United States, today present a tsunami of “transformed” children, according to their wishes, with hormonal bombardments and genital mutilation, which later end as an army of repentant “detrans.”
But it is the transhumanist ideology that takes dualism to an abysmal extreme. For her, the body and the mind are performable, and both (especially the body) must disappear. The mind, understood as the only human essence, must be digitized, and merged with technology, to become a new being: the post-human. Many current movies and series sell this idea.
Sadly, once again, wild dualism has not given us the answers. It is not by sectioning the person, mutilating them, or disappearing them, that they can be redeemed. This can only be achieved by returning to the objective truth of the essential and indivisible unity between body and mind.

Share