Cómo el Derecho a Reparar Dispositivos Electrónicos puede Cambiar la Tecnología

Cómo el Derecho a Reparar Dispositivos Electrónicos puede Cambiar la Tecnología

How the Right to Repair Electronic Devices Can Change Technology

Surera Ward lleva cuatro años al mando de un servicio de reparación tecnológica en Filadelfia, Pennsylvania, llamado Girls Fix It.

En ese lapso, ella y su equipo han logrado entender mejor los dispositivos electrónicos que llegan a sus talleres. Pero no ha sucedido lo mismo con su arreglo. “Se está volviendo más y más difícil reparar los diferentes dispositivos”, comenta.
No se trata solo del acceso a importantes piezas de los equipos lo que Ward encuentra difícil, ya que muchas veces tiene que importar herramientas especializadas de China para que ella y su personal puedan trabajar.
Una vez ellos hayan terminado la reparación del teléfono de un cliente, por ejemplo, muchas veces el dispositivo lanza mensajes de error que han sido codificados dentro del aparato por los fabricantes para disuadir al usuario de acudir a un experto no autorizado.
Las reparaciones se han vuelto más difíciles gracias a la creciente práctica de “maridaje de partes”, que vincula piezas individuales con los dispositivos con los que se envían, usando números de serie específicos.
Pero, ¿cómo podría cambiar la naturaleza de la industria de tecnología a medida que en Estados Unidos y Europa se promueven nuevas leyes para darle a los consumidores más poder para reparar sus dispositivos?
La esperanza es que pueda ayudar a reducir el impacto ambiental de la tecnología haciendo que los dispositivos duren más. ¿Podría también mejorar los productos que compramos?, o ¿tal vez sería simplemente una manera para que los fabricantes suban sus precios al consumidor con la venta de “kits de reparación” y repuestos caros?
La empresa de Ward y otras similares suelen cobrar hasta 50% menos para el arreglo de un dispositivo que un agente autorizado, como el Genius Bar de Apple. Pero muchos clientes no acuden a ella porque temen que les salga un mensaje de error o que alguna funcionalidad de su aparato quede inhabilitada después de un “arreglo no oficial”.
El alto costo de los servicios de reparación oficiales de los fabricantes, combinado con la dificultad de tener acceso a estos, frecuentemente hace que los consumidores se den por vencidos y simplemente reemplacen su dispositivo con uno nuevo.
Y todo eso se traduce en que con más frecuencia los botemos a la basura.
“Estamos viviendo en una época donde nuestro modelo de crecimiento básicamente gira en torno a deshacernos de las cosas”, dice René Repasi, un miembro alemán del Parlamento Europeo que lidera los esfuerzos para aprobar una ley que establezca el derecho a reparación para los consumidores europeos. “Básicamente, cada dos años compramos un nuevo producto y la capacidad de producción de nuestra industria está basada en este tipo de modelo”.
Muchos de los productos electrónicos en nuestros hogares, desde televisores hasta aspiradoras, se usan en promedio 2,3 años menos que la vida útil para la que están diseñados, según un informe de la Agencia Ambiental Europea.
Eso resalta el problema del aumento de la obsolescencia, donde los productos pasan de moda a los ojos de los consumidores -que son instados a comprar modelos más nuevos- o los equipos se vuelven incompatibles con las actualizaciones de software.
Algunos fabricantes también dejan de publicar actualizaciones de seguridad para el software de aparatos más viejos y algunas de las principales empresas han sido multadas por ralentizar los dispositivos adrede con software de actualización.
El impacto que esto tiene sobre el medio ambiente es profundo, tanto en términos del desperdicio electrónico que produce (se estima que se desecharon 53 millones de toneladas en 2020) y de la extracción de metales de tierra rara necesarios para fabricar los nuevos dispositivos.

 

Surera Ward has been running a tech repair service in Philadelphia, Pennsylvania, called Girls Fix It, for four years.

In that period, she and her team have managed to better understand the electronic devices that arrive at their workshops. But the same has not happened with its arrangement. “It is becoming more and more difficult to repair different devices,” he says.
It’s not just access to important pieces of equipment that Ward finds difficult, as she often has to import specialized tools from China so she and her staff can work.
Once they have finished repairing a customer’s phone, for example, the device often displays error messages that have been coded into the device by the manufacturers to discourage the user from going to an unauthorized expert.
Repairs have become more difficult thanks to the growing practice of “parts matching,” which links individual parts to the devices they are shipped with, using specific serial numbers.
But how could the nature of the technology industry change as new laws are pushed in the United States and Europe to give consumers more power to repair their devices?
The hope is that it can help reduce the environmental impact of technology by making devices last longer. Could it also improve the products we buy? Or perhaps it would simply be a way for manufacturers to raise their prices to consumers by selling “repair kits” and expensive spare parts?
Ward’s company and others like it typically charge up to 50% less to fix a device than an authorized agent, such as Apple’s Genius Bar. But many customers don’t go to it because they fear that they will get an error message or that some functionality of their device will be disabled after an “unofficial fix.”
The high cost of manufacturers’ official repair services, combined with the difficulty of accessing them, often causes consumers to give up and simply replace their device with a new one.
And all of this means that we throw them away more frequently.
“We are living in an era where our growth model basically revolves around getting rid of things,” says René Repasi, a German member of the European Parliament who is leading efforts to pass a law establishing the right to repair for European consumers. . “Basically, every two years we buy a new product and the production capacity of our industry is based on this type of model.”
Many of the electronic products in our homes, from televisions to vacuum cleaners, are used on average 2.3 years less than the lifespan for which they are designed, according to a report by the European Environment Agency.
That highlights the problem of increasing obsolescence, where products go out of fashion in the eyes of consumers – who are urged to buy newer models – or equipment becomes incompatible with software updates.
Some manufacturers also stop releasing security updates for software on older devices, and some major companies have been fined for purposely slowing down devices with update software.
The impact this has on the environment is profound, both in terms of the electronic waste it produces (an estimated 53 million tonnes were discarded in 2020) and the extraction of rare earth metals needed to make the new devices.

 

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