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¡¿Cerveza en el Biberón?!

Las manos de la madre hacían el ademán de vaciar una lata de cerveza en un biberón. “Y es que yo tenía que arrebatarle el biberón de sus manos, de otro modo le hubiera dado cerveza en el biberón al niño, y eso pasó más de una vez. Yo no sé si logró hacerlo a mis espaldas, pero yo siempre tenía que estar pendiente. Javier casi siempre anda borracho, por eso cada rato quiere darle cerveza al niño. Pero el niño apenas tiene año y medio. Es por eso que yo estoy pidiendo la Medida de Protección. Todo comenzó cuando le celebramos el primer cumpleaños al niño. Javier se emborrachó primero, antes de comenzar la fiestecita. Cuando llegaron los invitados con sus niños él ya andaba borracho tambaleando saludando a las visitas. Yo no sabía que hacer. Cuando nos reunimos para cortar el bizcocho,  el agarró al niño y puso la lata de cerveza en los labios del niño y comenzó a darle sorbitos. La gente comenzó a gritar, yo fui corriendo, le arrebaté la lata de cerveza y le limpié la boquita al niño. Frente a las visitas me pegó en la cara diciendo que lo había avergonzado ante sus amigos. Yo me puse a llorar, tenía el niño a mi lado, pero Javier me lo quitó y se lo llevó así borracho. Cuando volvió me corrió de la casa con el niño. Por eso ahora pido la Medida de Protección.”
¿Cómo habrán celebrado José y María el primer cumpleaños al niño Jesús? La tradición de ellos no se fijaba en el día del nacimiento, sino en la primera pascua del niño. Esa es la fiesta que los Israelitas celebran su liberación de la esclavitud de Egipto. Tuvieron que untar sangre de un corderito inocente sobre el dintel y el umbral de las puertas para que el ángel de Jehová pasara por encima de esa casa y no causara ningún daño. Podemos imaginarnos que José y María ponían un pedacito de carne de cordero en los labios del pequeño Jesús mientras le decían que Dios lo estaba llamando para que Él mismo fuera ese Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo. Más tarde el niño entendería cuando leería las profecías del profeta Isaías: “Porque un niño nos ha nacido… fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo… y gracias a sus heridas fuimos sanados”.  Él sí pone vino en nuestros labios: “Él tomó la copa y les dijo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por ustedes va a ser derramada».” Ese vino en vez de emborracharnos nos despierta a la gran realidad que ¡Él tomó nuestro lugar! ¡Murió y vivió por nosotros y por eso, ¡Él es nuestra Medida de Protección! Y es más, ¡Él es Nuestra Medida de Eterna Salvación!
Por: Haroldo Camacho, Ph.D., Intérprete Judicial. Relato redactado para proteger identidades. Informes: haroldocc@hotmail.com.

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